Editar en Jalisco: resistencia cultural y política pública ausente. Hacia una Ley Estatal del Libro en Jalisco

 

Participación de Felipe Ponce en el foro Propuestas Legislativas para el Fomento de la Cultura en Jalisco: Diálogo con 50 Artistas, convocado por el escritor Dante Medina y el diputado César Madrigal, 14 de enero de 2026, 10:00 a. m., Salón Legisladoras Jaliscienses, Congreso del Estado de Jalisco, LXIII Legislatura.

 

Efraín Franco (moderador)

La creación es parte de todo un proceso; algo fundamental para la difusión de la literatura de creación y de reflexión es la edición. En ese sentido, tenemos en el estado una buena cantidad de casas editoriales. Pero, ¿cómo funcionan?, ¿cuáles son los espacios que tienen? Marchan contra viento y marea; más que estimuladas, son reprimidas por las entidades oficiales.

Escuchemos a una voz autorizada que nos haga esta reflexión, porque él ha vivido en carne propia los avatares del mundo editorial: el poeta y editor Felipe Ponce.

Felipe Ponce

¿Qué tal? Gracias, Efraín. Muchas gracias, Dante, diputado César Madrigal, por esta invitación. Buenos días. Agradezco la invitación para participar en este foro. Mi nombre es Felipe Ponce, soy codirector de Ediciones Arlequín y de la Editorial Página Seis, y me dedico a la edición de libros desde hace más de treinta años.

Voy a dar lectura a dos muy breves artículos que no han perdido vigencia. Uno es un llamado de emergencia ante la inoperancia de la Red Estatal de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Jalisco, que se mantiene en el abandono total. Ayer martes visité, junto con mi hija, la biblioteca más próxima a nuestro domicilio, la de Santa Ana Tepetitlán, en Zapopan. A las seis de la tarde solo habían acudido dos personas: justamente mi hija y yo.

El segundo artículo es sobre propuestas puntuales respecto a la red estatal de bibliotecas y a la producción editorial local, escritos antes de que Guadalajara fuera la Capital Mundial del Libro, y muy poco o nada ha cambiado; lamentablemente, la capitalidad no dejó grandes cosas. Urgen acciones comprometidas sobre las bibliotecas y la edición local como valores reales de la biodiversidad cultural y del fomento de la cultura de la paz en una sociedad tan necesitada como la nuestra. Al final haré una propuesta puntual.

Dice así: “SOS, ayuda al gobierno.” Este es un llamado de emergencia dirigido a la sociedad civil, a las fundaciones, asociaciones o grupos, a empresarios, filántropos o mecenas. Necesitamos que alguien compre los libros que producimos los editores de Jalisco y los done a las 282 bibliotecas públicas de la red estatal. Esto redundaría en un beneficio doble: permitiría que nuestras empresas sobrevivan en mejores condiciones y que los lectores de Jalisco puedan leer las obras que publican los editores que respiran su mismo aire.

¿Por qué hay que ayudar al gobierno? Porque en los más de treinta años que llevo trabajando en la edición de libros, nunca —pero nunca— el Gobierno del Estado de Jalisco ha dedicado presupuesto para surtir sus bibliotecas. Esto lo sé porque he preguntado a cada administración y he recibido siempre la misma respuesta: “No hay presupuesto para compras de libros; solo administramos al personal y compramos insumos de limpieza”.

Pero no crean que las bibliotecas de Jalisco albergan los mismos libros desde hace más de veinte años sin renovarse. Sí tienen algunas novedades y, cada cierto tiempo, los bibliotecarios tienen algo nuevo que clasificar, pero es porque la federación les dona libros por pertenecer a la red federal. Antes era el Conaculta; ahora es la Secretaría de Cultura Federal la encargada de medianamente surtir estas bibliotecas. No sé con qué frecuencia se entregan ahora los libros.

La Secretaría de Cultura Federal sí tiene dinero a veces y compra a los primeros postores, que son siempre empresas transnacionales. Creo que aquellas formas en las que los editores proponían títulos ya no existen a nivel federal para la compra de libros para bibliotecas.

Desde hace varios años, las editoriales de Jalisco tienen presencia nacional, buena distribución, resonancia internacional, y su aportación a la cultura y al patrimonio nacionales es indiscutible: publican a nuevos autores, investigan, antologan, recuperan obras, traducen al español, traducen a mexicanos y jaliscienses a otras lenguas, compran e intercambian derechos, participan en ferias nacionales e internacionales y representan al estado en la segunda feria del libro más importante del planeta, que es la de Guadalajara.

Aun así, las bibliotecas de su propia entidad no tienen sus libros, y de esto se privan los lectores de Jalisco. Arlequín, Mantis, Paraíso Perdido, entre otras, no tienen sus fondos en las bibliotecas públicas. Ayuden. Es una emergencia.

El segundo texto se titula “Bibliotecas y editoriales: propuestas”. Esto que voy a leer surgió de un foro similar organizado por la Secretaría de Cultura, en el que participé en una mesa llamada Lengua, literatura y lectura, dentro del primer Foro Enfoques Culturales. Retomé las preguntas detonadoras e hice las siguientes propuestas.

¿De qué manera se pueden enriquecer los acervos de la red estatal de bibliotecas?
Que se cumpla la Ley de Bibliotecas del Estado de Jalisco y se reactive el Consejo de la Red Estatal de Bibliotecas, porque todo eso no funciona. Que se integre un padrón de editores de Jalisco y que se modifique la ley para incorporar al Consejo —si es que existe o funciona— a un representante de los editores, específicamente un editor establecido en Jalisco y afiliado a la Cámara Nacional de la Industria Editorial.

Que la Secretaría de Cultura y el CECA coediten al cien por ciento sus publicaciones con los editores independientes de Jalisco y que estas obras se integren al acervo de la red estatal. Lo más lamentable es que la Secretaría de Cultura tiene una editorial que funciona como competencia directa de los editores de Jalisco. Debería ser al revés: que los editores locales publiquemos estas obras en coedición con la Secretaría.

Que se evite financiar publicaciones a discreción, como sucede ahora, y que ese dinero se destine a la adquisición de fondos de los editores independientes. Que se destinen recursos para compras a través del Consejo de la Red Estatal de Bibliotecas Públicas. Que se establezcan contratos con proveedores de servicios bibliotecarios que ayuden a ampliar y mejorar la oferta; en otras palabras, modernizar tecnológicamente la red.

Ayer, la presencia en la biblioteca de Santa Ana Tepetitlán fue desoladora: los libros están ahí, sin visitantes, con mucha precariedad. Que las bibliotecas se renueven para ser referentes comunitarios y no depósitos de libros viejos; que, al estilo Jalisco —usando el eslogan del Gobierno del Estado—, se ejerza el derecho de elección de lo que queremos leer los jaliscienses en nuestras bibliotecas públicas, después de treinta años sin compras y con una política de brazos caídos, recibiendo únicamente lo que envía la federación.

¿Por qué no podemos elegir lo que queremos leer aquí, en nuestras bibliotecas?

Por último, que se elabore una Ley Estatal del Libro. Esta es la propuesta final.

La segunda pregunta es: ¿cómo hacer visible la producción editorial local, su difusión y circulación dentro y fuera del estado? Propongo apoyo estatal para la exhibición y venta de las editoriales de Jalisco en ferias nacionales e internacionales; crear ferias itinerantes en los festivales municipales; crear un sitio electrónico de promoción y reactivar la Librería Mariano Azuela.

En concreto, mi propuesta —que es apenas un comienzo— es crear una Ley Estatal del Libro donde todos estos aspectos estén regulados y donde exista un apoyo directo al trabajo de las editoriales locales.

Muchas gracias.


Propuestas de Felipe Ponce

I. Marco legal y de gobernanza (nivel estructural)

  1. Creación de una Ley Estatal del Libro, que regule de manera integral:

    • bibliotecas públicas,

    • producción editorial,

    • circulación y difusión del libro,

    • apoyos a editoriales independientes.

  2. Cumplimiento efectivo de la Ley de Bibliotecas del Estado de Jalisco.

  3. Reactivación del Consejo de la Red Estatal de Bibliotecas, hoy inoperante.

  4. Incorporación obligatoria de un editor independiente de Jalisco —afiliado a la Cámara Nacional de la Industria Editorial— como integrante del Consejo.

  5. Integración de un padrón formal de editoriales jaliscienses en los procesos de toma de decisiones.

II. Política pública para bibliotecas (infraestructura cultural)

  1. Asignación de presupuesto estatal específico para la compra de libros, inexistente desde hace más de treinta años.

  2. Compra sistemática de libros producidos por editoriales de Jalisco para surtir las 282 bibliotecas públicas de la red estatal.

  3. Derecho de elección lectora de los jalicienses, permitiendo decidir qué libros integran los acervos públicos y no depender solo de envíos federales.

  4. Transformación de las bibliotecas públicas en espacios comunitarios activos, y no en depósitos de libros obsoletos.

  5. Modernización tecnológica de la Red Estatal de Bibliotecas, mediante proveedores especializados en servicios bibliotecarios.

III. Relación Estado–editoriales (modelo editorial público)

  1. Coedición al 100 % de las publicaciones de la Secretaría de Cultura y el SECA con editoriales independientes de Jalisco, evitando la competencia institucional.

  2. Integración obligatoria de estas coediciones al acervo de la Red Estatal de Bibliotecas.

  3. Eliminación de la publicación discrecional financiada con recursos públicos, redirigiendo esos fondos a la compra de libros de editoriales independientes locales.

IV. Difusión, circulación y visibilidad del libro jalisciense

  1. Apoyo estatal para la exhibición y venta de editoriales de Jalisco en ferias del libro nacionales e internacionales.

  2. Creación de ferias itinerantes del libro en festivales y eventos municipales.

  3. Desarrollo de un sitio electrónico oficial de promoción de la producción editorial local.

  4. Reactivación de la librería Mariano Azuela como espacio estratégico de difusión editorial.

Comments are disabled