Guadalajara, los placeres de los ojos
En 13 mayo, 2018 | 0 Comentarios

Guadalajara ha sido, en mi vida, una pasión, un vicio total. Sus defectos y virtudes no hacen sino presentármela como más querida, imperfecta y sin embargo mía. Lejos de Guadalajara, languidezco de una nostalgia que tiene de sombrío los atardeceres de los enamorados ausentes. Yo no nací aquí, pero he decidido morir en Guadalajara.
Ninguna lógica explica satisfactoriamente mi afición a Guadalajara. Mi apego a esta ciudad procede de un sentimiento filial; «engrido» y enyerbado por ella, casas, calles, aire, personajes, clima, agua, ritmo urbano, sonidos, olores, los necesito para mantener ese desasosiego y esa paz que se llama vivir. La múltiple Guadalajara que yo traigo en mí, íntimamente; y porque la he visto crecer, la llamo, en privado, Guadazapopaque. Sólo compete al corazón la ciudad que cada uno de nosotros llevamos dentro.
Verdaderos Placeres de los Ojos fueron las personas y las cosas que de Guadalajara se trasladaron a mi escritura: flores de pretendiente pueblerino, a veces, para la cursi Perla Tapatía; desabridos cantos de serenatero desilusionado que le vio a la amada con frialdad sus sinsabores; cínicas anotaciones a hechos que se nos quedaron en la piel y en la lengua; festividades de la palabra cuando la alegría me incendiaba los ojos con felicidad; y encabronamientos de hijo rebelde cuando la vergüenza de ser tapatíos hacía llaga en el dolor. Todos estos escritos contienen la ambición del cosmógrafo: contribuir a dibujar un mapa del espacio que nos tocó habitar.
Como Guadalajara es parte de mi biografía, yo desee, con este libro, retribuir su hospitalidad convirtiéndome en uno de sus biógrafos. La mejor forma que encontré para corresponder como agradecido huésped, fue disfrutarla con todos mis sentidos, y recibirla con los ojos abiertos.

Dante Medina

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